miércoles, 19 de noviembre de 2008
NIÑO TONTO
Otra vez, Sinnata se esconde. Esta vez, juega al juego de niños. Los niños están en su casa, en la casa de Sinnata de niña. Una y otra vez a buscar escondites. Siempre los mismos. Sinnata juega y no se dió cuenta que un niño la sigue,se esconde cerca,la mira.
Sinnata quiere esconderse en un lugar especial aún no descubierto (pero no tan especial como para que no la encuentren).
Esta vez cuenta una niña de enfrente de su casa. Cuenta uno dos tres y salen todos corriendo. Sinnata queda en el centro del living. Piensa. Recuerda que en el balcón hay una vieja hamaca rota con una lona que la cubre. Corre hacia ella. Se encierra. La luz entra por unos agujeros de la lona.
Silencio. La niña de enfrente termina de contar. El que no se escondió se embroma.
Y hay que esperar... Sinnata espía para saber cuando correr y dar libertad a la piedra.Toma aire. ..Oh...No... -ese no es su aire- . Siente en su espalda la respiración de otro.
¡El otro es ese¡¡Es ese niño¡ Ahora ella lo recuerda todo. Lo vió detrás de la puerta del baño cuando ella se escondió en la bañadera. Lo vió debajo de la cama cuando ella se escondió detrás de la cortina del dormitorio. Lo vió adentro del horno cuando ella se escondió debajo del mantel floreado de hule de la mesa de la cocina. Lo vió metido en el cesto de la ropa sucia cuando ella se escondió detrás del lavarropas.
Le pareció verlo adentro del florero de vidrio esmerilado cuando ella se escondió entre los sillones. Lo vió debajo de la piedra cuando ella contó uno dos tres ...y lo embromó porque lo encontró enseguida.
Entonces, Sin giró suavemente la cabeza y lo vió. Si, era él. Ese niño tonto escondido en su mejor escondite, arruinando su juego.
...Y lo peor faltaba por llegar. Sinnata jamás hubiera imaginado lo que vendría.
El niño la miró a los ojos y luego bajó su mirada como indicando a los ojos de Sin que la siguieran.
El muy vicioso se había bajado los pantalones y le mostraba a ella, su genital de niño.
Sinnata no pudo dejar de mirar. Su mirada ya estaba allí abajo y no tenía retorno. No podía despegar la mirada de ese pingajo que se le salía del cuerpo al varón, al niño cruel y atrevido.
Era el momento de subir la mirada, de soltar el grito, de dar el golpe, de salir del escondite, de correr, de irse lejos, más lejos de lo que se cree lejos, lejos de las piedras libres, las rayuelas, las rondas, las casas, y lejos de todos los lugares donde niños tontos existieran.
No fue ella quien cortó la situación escondida. Fue él quien rapidamente se subió sus pantalones salió corriendo y liberó la piedra.
Sinnata salió en camara lenta. Se unió al grupo de niños y juntos fueron a merendar.
Sinnata nunca sintió vergüenza por lo sucedido,tampoco asco ni satisfacción. Curiosidad ,quizás por saber que hubiera hecho si el tiempo se hubiera quedado allí escondido con ellos debajo de la lona en la hamaca rota en el balcón de la casa de su niñez.
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2 comentarios:
jugaste a las escondidas, y decubriste por demás Sin!!!!
Rondando estos textos ando yo, y me encanta leerte entre estas palabras que filtran luz, como la del escondite.
Un abrazo
Leti
Nati, qué lindas historias.
Me encantó el blog
Espero más. Avisá y depaso contame de tus andanzas, de la flia.
Abrazote,
lauri
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