miércoles 8 de diciembre de 2010

La tele



Sinnata reía mirando películas de Jerry Lewis y Dean Martin. Ya de niña, las conocía todas. Se reía de los cómicos gestos de Jerry y de las cómicas caídas. Le encantaba en especial, la vez que Jerry se enamora de una japonesa y se sienta a tomar el té con ella en japón y cuando se levanta los dedos de los pies le quedan doblados hacia arriba, ja,porque tanto tiempo en cunclillas en el piso, ja, ja, onomatopeya de risa. Ja literario.Ja. Y Jerry camina doblado... ¿lo vieron ustedes? camina con los dedos doblados....muy bueno...(río.)Humor tierno. Sin repetía su risa con las pelis que ya había visto más de una vez. Repetía su risa suave, fresca y espontánea.



Algo más. Sin no estaba sóla frente a la tele con antena en V. Miraban juntas las películas y reían juntas tiernamente. Sin con risa de leche y su abuela con risa de dientes postizos. ( Una vez Sinnata los vió en un vaso en la mesa de luz junto a la cama y no podía creer lo que veía. En el vaso se veían feos, feos esos dientes sin boca pero en la boca de abuela se veían muy bien. Sinnata miraba a su abuela y la veía hermosa aunque los dientes no fueran suyos. De hecho a ella misma también le faltaban algunos, y quien sabe si los irian a recuperar alguna vez).



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Su abuela tenía una piel suave y un olor maravilloso, mezcla de chanel N° 05 y aroma misterioso del cuerpo anciano. Despues de la siesta, se sumaban lo olores de los sueños dormidos de la tarde. Sinnata miraba las películas mientras acariciaba las manos de su abuela. Eran mimos mutuos. Porque acariciar esas manos eran sentir como una caricia de ala de ángel. ( Recusrso literario, para que entiendan ustedes, que eran caricias de suavidad superior, sobre natural, pero a mí la comparación no me sirve, ya que tengo fobia a las plumas de ángel, pájaro o plumero).


Risas de leche y risas de dientes inventados. Risas frescas con caricias de brisa.


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Otras películas que le encantaban ver juntas eran las de Esther Wiliams y las de Fred Astair y Ginger Roger.


Sinnata soñaba con ser una nadadora experta en nado sincronizado. Se imaginaba los movimientos en el agua y ella saliendo de una flor de piernas de 20 mujeres abriendose en el agua, brotando mujer en traje de baño con sonrisa de bella y brazos delicados en alto. Música triunfal.


O bien, se imaginaba bailando bajo el claro de luna vistiendo un vestido blanco volátil, mujer abrazada a hombre elegante lleno de amor en sus ojos. El beso final, no era necesario.



Caricias de misterio y sueños. Sonrisa y ojitos de luna mujer niña - vieja.



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Años despues, Sinnata y su abuela sentada en el mismo sillón de siempre con las piel igual de suave y perfumada, miraban la misma tele.


Su abuela, reía, un poco, no tanto como antes. Mueca de risa.


Sinnata no podía reir. Miraba con sus ojos redondos una caja junto a la antena.


Una caja de madera pequeña. Caja con tapa. A dentro, su abuelo.



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El abuelo, capitulo aparte. Pero algo breve puedo contarles para que sepan. Padre de su Padre. Sinnata lo adoraba. Su abuelo adoraba también a la pequeña Sin y a hermanata. Su abuelo fue su padre en las tardes de paseo por Parque Rivadavia. Su abuelo fue su padre en el abrazo y en el sanguchito calentito con la leche tibia de la merienda, fue su padre al encender el espiral para que los mosquitos no entraran a su pieza de sombras de persiana y placares de hitoria . Fue quien le enseñó a jugar al truco y con quien eschaba a Edmundo Rivero cantar esos tangos que después, Sinnata, alguna vez cantaría en la ducha del baño con voz de niña, mezcla de arrabal y melancólica humedad.


Abuelo - Padre estaba hecho cenizas. Ceniza en caja de madera. Ceniza guardada en caja de madera sobre la tele. Tele de sueños filmados y risas cómplices de nieta y abuela. Ahora, tele mueble de apoyo de caja con cenizas de muerto.




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Un día Sinanta dijo a su abuela:" Ayer me dijo el abuelo un susurro al oído, en un sueño de agua y danza de pez, me dijo que la cenizas son buenas para nutrir la tierra y que en el balcón de tu casa hay un malvón con flores rosas que son sus ojos y que te mira él, linda te ve, todos los atardeceres cuando regás.


La abuela, miró a Sin y volvió sus ojos sobre la caja.


Al domingo siguiente, la caja no estaba sobre la tele y la tele no era la misma. Más nueva y grande. Sin antena en V. Pasaron las mismas pelis de siempre y Sin y su abuela rieron juntas.


Afuera, el malvón florecía en pleno invierno porteño.

1 comentarios:

Bichicome dijo...

¡Qué texto mija, por favor! No hay manera de no recordar a la abuelita propia y ponerse a mariconear minentras se recorre el relato.
¿Sabés en qué pensé cuando terminé de leer todo? En vos, siendo una abuelita ya, con la misma intensidad de ternura hacia los hijos de tus niños. ¡El pueblo argentino y en este caso el uruguayo (y bien bichicome) pide maaaas testos de Sinnata!