
Sin tuvo una idea. Se ataría. No temía irse y quedarse en algún lugar sin nombre. No la asustaban las palabras que podían llover nuevamente de su boca. No le tenía miedo al tiempo detenido ni a las preguntas del mar ni a la rebelión del viento. Sinnata NO quería que su mamá llore. NI que a hermanata le duela la cabeza por su ausencia. NI que Papanata no se sepa que decir y sin saber diga.
Pero Sin, se daba cuenta que cada vez más su silencio de niña la desafíaba, que el viento le levantaba los pies, que sus ojos miraban lo que otros no veían y que el paisaje ya no le pertenecía. O más claro, que ella no era de allí. Pero en fin, los niños a veces tienen cada ocurrencia. ...Quien iba a pensar que sujetarse sería una buena opción para disimular la negación de la existencia en la realidad de otros. Ay ay ay , idea de niños.
Dicen los que me contaron, que algunos contaron que otros vieron, que el primer día de Sin atada fue una risa. La niña se ató con el lazo de su vestido a la calesita de la plaza. Giraba la calesita. Giraba la niña. El nudo cada vez más se ajustaba. Los que primero se dieron cuenta son los otros niños que en la plaza jugaban. "Hay una niña atada en la cale mamá", se empezó a correr la bola. La bola se hizo grande y Sinnata fue el show. La niña no quería soltarse y nadie podía desatarla porque el nudo estaba ya después de tantas horas verdaderamente tenso y ajustado. A alguien se le ocurrió que todos juntos podían unir sus fuerzas para dar un aventón a la calesita de modo que gire a gran velocidad y ver así si el nudo aflojaba. Lo hicieron. La comunidad del barrio unida como nunca, hicieron una gran cadena humana que rodeaba la calesita y le daba veintisiete vueltas alrededor del la misma. Todos sujetos por sus manos y algunos, los de la primera ronda con una mano en la calesita y la otra en la cadena humana dieron inicio. Coordinados por el cura de la parroquia y el intendente, comenzaron a girar."¡Ahora¡". Se generó una fuerza centripeta que hizo girar a la cale a una velocidad descomunal. La niña que había permanecido sentada comenzó a despegar del asiento. El nudo comenzaba a aflorase, se soltaba el lazo poco a poco. Tanto se aflojó que se soltó de la cintura de la niña y Sin tuvo que agarrarse al lazo con las manos porque la calesita no paraba de dar vueltas y sus ojos no podían quedarse quietos. Su cuerpo se ponía paralelo al piso. Parecía una bandera. La multitud rompió la cadena al soltarse de las manos para aplaudir y se alejó de la calesita haciendo montoncitos saltarines de alegría por la gloria. Las noticias dijeron"...el viernes por la tarde una niña abanderó a la comuna de Caballito..."(...)"...sin partidismo ni religión, el barrio se unió para luchar por un objetivo ..."(...)"la plaza volvió a ser el lugar del pueblo" y otras cosas más dijeron que no me interesa recordar. Eran verdaderas noticias mentirosas. Algunos niños que asustados al ver monstruos en sus padres, habían perdido la risa inicial, la típica risa burlona de infantes. El final, ya no les parecía gracioso.
A todo esto, hermanata había corrido a buscar a su madre que trabajaba en el centro. Centro de discordia, intoxicación y multitud. Las demoró el subterraneo. Mamá tenía ganas de tomar un helicóptero y escapar del centro. Quería transportarse en lo que sea para rescatar ya a su hija, la pobre Sin.
Cuando llegaron a la plaza, la abanderada ya no era bandera. Sin estaba suelta al lado de un árbol con el lazo de su vestido en la mano. La abrazaron y llevaron a casa. No se dijo nada. Mamá sinnata le puso a su hija un paño tibio en los ojos, porque los ojos de Sin, seguían girando como pelotitas verdes en un mundo blanco sin fin.
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